Gigi Vesigna - Dos o tres cosas que sé sobre ella

25 marzo 2004

Mina ya me dijo hace unos veinte años que a Gigi Vesigna siempre le correspondería una consideración particular por lo buen compañero de viaje que siempre ha sido; un compañero discreto, reservado y honrado incluso en los momentos más dificiles. Hoy, por fin, encontraré a Gigi Vesigna, personaje fundamental en la historia de la crónica del espectáculo, gran mediador en la relación entre mundo de la música y público.


Será interesante oírle hablar de Mina; con la cuál, creo, tuvo exactamente la relación que a sus fans más apasionados les gustaría tener y que muchísimos otros colegas suyos no lograron. Descubriremos, es probable, las razones de esta relación tan especial. Descubriremos de que está formado. Aquí está, Gigi Vesigna, apasionado de cine desde pequeño hasta la medula y desde pequeño convencido de que cuando fuera mayor sería periodista. Cuando más tarde lo fue, tal vez aspirando a la crítica cinematográfica, arriba a la crónica del espectáculo, entra en el mundo de la música ligera, un mundo en fermentación. La gran aventura del Rock envuelve la época y llega también a Italia a toda vela, y entra en curiosas sinergías con la tradición melódica italiana. En aquellos chicos protagonistas de esta aventura, se leen los presagios de un renacimiento y de una revolución, aunque sólo en ámbito musical. Se trata de una revolución que se activa y aparece como un gran juego pero corre con un ritmo tan frenético que se convierte, con rapidez sorprendente, en costumbre. Allí está, Gigi Vesigna, joven de los Años 50, en el ojo de aquel huracán, entre vientos que se llaman “urlatori”, “rock”, zarandeado entre curiosas transgresiones musicales.Y cabalga aquella ola, protege a sus surferos. Llega Mina: grita, forcejea...Después, ¡sorpresa!, incluso languidece.  ¿Lo ves?, ¡ya no se puede cantar como antes!  Gigi Vesigna lo sabe muy bien, desde el principio.

L.C. – Señor Vesigna, usted es un “minista” de  los primerísimos tiempos.
G.V. – Absolutamente sì. ¡Y a mucha honra! 

L.C. – Y entonces es un testigo muy valioso. ¿Cómo apareció Mina en “los italicos cielos de la canción” aún tan “corazón y amor” cantados con la mano en el pecho? ¿Cómo la vió llegar ?
G.V.–¿Que cómo llegó? ¿Puede imaginar un meteorito que te caye encima riendo en tu comedor? La primera vez que vi a Mina, fue como espectator. Estaba con mi mujer., eramos novios. Estábamos entre el públlico de la “Sei giorni della canzone” (Seis días de la canción) en el Teatro Smeraldo.  De repente, allí que aparece, en el escenario, como algo hasta aquel momento desconocido, algo que si no hubiera aparecido no podría imaginarlo. La configuración física, material, de una grandísima energía, de un hecho aparte, de la promesa de la series de cosas increibles que desde entonces en adelante ocurrirían. Fue entusiasmante ya esa primera noche, desde el primer instante, más allá de cómo cantara: y cantaba de manera, como mínimo, chocante, sorprendente, nueva. Fenomenal. Un “fenómeno” a lo latino. Simpática. La suya fue una llegada imprevisible. 

L.C. – ¿La conoció aquella noche?
G.V. – No. Pero fue poco tiempo después, en una entreplanta de Viale Papiniano (en Milano) que era la sede de su discográfica de entonces: la Italdisc. Yo, entre tanto, había llegado a ser periodista. Fue allí donde tuvimos nuestra primera charla, desenvuelta, divertida. 

L.C. – ¿Así? ¿De buenas a primeras? ¡Un record!
G.V. – ¡Noooo!...  Bajé los peldaños y encontré a esta “guapetona” que al principio se quedó, diría, bastante en guardia.  Pero, un poco después, nos empezamos a reír, incluso por nada, sólo ironizando sobre lo que decíamos. Tengo que decir que no analizamos lo que ella estaba haciendo ni tampoco lo que le gustaría hacer. No hablamos de sus proyectos. Y creo que ni siquiera los tenía. Hablábamos un poquito de todo, como podía ocurrir entre un chico de 25 años y una chica de diecinueve años muy brillante, de inteligencia muy sutil, riendo. También después, cada vez que nos encontrábamos, siempre nos reíamos. Fuimos juntos a Madrid, dos veces, trabajando, a distancia de años, y siempre nos reíamos como en una excursión escolar. Mina es una persona absolutament eingeniosa, chistosa, aguda, irónica, que aprecia mucho el buen humor, y no le gusta la gravedad. Precisamente por una cuestión de respeto hacía las cosa verdaderamente serias. Le gusta lo leve, lo ligero. Sí, Mina es capaz de tomarselo siempre desde una perspectiva irónica. 

L.C. – Puede contar con un buen DNA... Su padre, el Señor Mazzini, por ironía... que no le falte
G.V. – ¡Ah, aì!... un equipo increíble, los dos solos. Después hicieron coalición con Gigante, su empresario, y con Bernardini, el dueño de  La Bussola. Un equipo fenomenal; ya no hay personas así... ya no existe ese tipo de gente... 

L.C. – Usted nace periodista en una ciudad muy italiana sacudida por el huracán “Rock”. Dió el alma y el corazón a la crónica musical. ¿ Era este el destino al que realmente aspiraba entonces?
G.V. – Mi verdadera pasión siempre ha sido el cine. Un sueño de mi vida lo realicé en la primera mitad de los años 80, cuando hice “Ciak”, una revista de cine. Pero yo nací con l amúsica y la televisión, que era un genero en progreso y un medio que todavía estaba por descubrir, por ser explotado... los dos tenían que decir muchas cosa nuevas. Además aquí estaban, se hacían aquí en Milán. Por eso, los que vivíamos y trabajábamos aquí, teníamos privilegios, o sea gran posibilidad de contactos...

L.C. – Hijo de un industrial y de una enseñante. Un hijo periodista. Bueno. Pero en la crónicas de  espectáculo. Un poquito preocupante, en aquellos tiempos. ¿Como lo vivieron en la familia? ¿Sus padres eran burgueses conservadores o progresistas?
G.V. – Progresistas, por supuesto. Ante todo, mi padre no nace burgues sino que se hace. Después de llegar a Milán, de pequeño, en los años veinte. Como obrero. Luego se construye poco a poco su actividad, inventa cosas en el campo de la instrumentación eléctrica, y monta su fábrica. ¡Y luego mi madre! Llega a Milán jovencita, de Andria, en Apulia, con la madre de Walter Chiari (actor famoso ndr.), amiga y paisana suya ... -...y de hecho yo crecí junto a Walter, a su hermano Benito y a su hermana Ada... – Por eso, al decidir la vida tan lejos de su casa, era progresista también alla, sin duda. No, no... aunque a mi padre le hubiera gustado que yo trabajara con él en su empresa para continuar su trabajo, siempre respetó mis decisiones... No, ningún problema, todos felices. 

L.C. – Usted puede resolver una causa. Alguien dice que la primera aparición de Mina en TV fue en “Lascia o raddoppia?”, otros dicen en “Il musichiere”
G.V. – (rie) En “Il musichiere” no la recuerdo... La recuerdo muy bien a “Lascia o raddoppia?”... una aparición que decididamente rompió los moldes. Y me acuero de que Mike Bongiorno – que tiene un olfato excepcional, increíble, se relamió de gusto... comprendí inmediatamente que había personaje... 

L.C. – Recientemente he visto un fragmento... Bongiorno fue un poquito áspero con ella... diría punzante, con actitud provocatoria...
G.V. – Es su modo de hacer su aproximación... siempre es así cuando intuye que hay elemento... cuando entrevé un interlocutor que puede hacerle frente, pisa el acelerador. 

L.C. – Y después encontró a Mina otra vez...
G.V. – Nuestro segundo encuentro fue en el Festival de Sanremo en 1961. Que fue su segundo Festival y mi primero en absoluto. Entonces la frecuentación fue más asidua porque ella ya era el gran personaje del Festival y todos estabamos siempre encima de ella... la acosabamos. 

L.C. – Le llamo de nuevo como el testigo que usted ha sido. En aquel año, Mina, gran favorita, ya antes de que el Festival empezara vió sublevarse contra ella una campaña de prensa a decir poco hostil. Un verdadero ataque aereo. ¿Cree que fue porque estaba presentándose como una estrella?
G.V. - ¡Pero, sí, ella era un aestrella! ¡Ya desde hacía tiempo! Lo que ocurrió fue que era más noticia una “Mina vencida” que una Mina vencedora. Y así pusieron los presupuestos, los elementos de contraste... de una debacle, un desastre.

L.C. – Me acuerdo de un artículo en que Montanelli, a decir poco, la ponía de espaldas a la pared, responsabilizándola, vapuleándola, provocándola a pesar de decir que ella era la única presencia por la que veía el Festival aquel año... Y otro de Oriana Fallaci, en el que la llama “La sirena dei vent’anni” (“La sirena de los veintes años”). Y los dos, sin embargo, trazan un  retrato de ella que la profundiza, yendo mucho más a fondo que la dotes vocales. Estamos ya en el analisis de los usos...  costumbres.
G.V. – Luego, el hecho de que periodistas del calibre de Montanelli y de Fallaci encendieran diatribas sobre ella, hace evidente a qué nivel de consideración ya estaba Mina. Y además estaba en juego una operación que tenía que ver con la segunda canción que Mina cantaba en el Festival, después “Le mille bolle blu”, y que titulaba “Io amo tu ami”.... y estaba ligada a una película con el mismo título producida por Dino De Laurentiis. También aquella operación jorobaba mucho porque, como vencedora del Festival y con la consagración con la película, Mina se convertía en una estrella demasiado voluminosa, un estorbo.

L.C. - ¿Una imprevista carencia de espacio?
G.V. – En aquel momento estaban naciendo otras personas a las cuales había que dejar lugar... Y ella, ya en aquel tiempo, haría tabla rasa. Mina era un peligro demasiado grande. Habría podido con todos. No se lo podían permitir. Era la más fuerte. Y no molesto a nadie, diciéndolo, porque ya sus colegas eran los primeros que lo decían.

L.C. – Todo esto en un clima, por parte de la prensa...
G.V. – De hostilidad... sì, había hostilidad hacía Mina. Fue científicamente desmantelada. Había premeditación. Ella sufrió por eso, estuvo muy amargada. Y se puso muy rigida. Le resultaba incomprensible que así, de repente, todos se le sublevaran en su contra. Además, esto no ha terminado, es un fenómeno que se repite, todavía ocurre que hagamos coalición para hablar del Festival de una cierta manera preestablecida.

L.C. -  Mina “urlatrice”, reina del juke box, y después Mina, icono superstar del “Sabado noche” televisivo, y Mina cantante-mito...
G.V. – Mina siempre ha sido mítica. También “de pequeña”, como llama ella sus esordios. Lo siento mucho por lo más jóvenes que no pudieron verla y escucharla “en vivo”. Que no tuvieron esa grande posibilidad.En cualquier caso, Mina, también fuera de los escenarios siempre ha sido una cantante en continua evolución. La última está ante los ojos, más exactamente dentro de los oídos, de todos.

L.C. – ¿Cree que la historia de Mina es una historia completa?
G.V. – Por desgracia no quiso ir a America.

L.C. – ¿Usted habría estado a favor de la “aventura” americana?
G.V. –¡Por supuesto que sí! Porque Mina era la única cantante italiana, entonces como ahora, que tenía todos los medios – todos lo que se dice todos – para afrontarla. Digamoslo tranquilamente fuerte y claro: allá, recientemente, algunas de nuestras cantantes han obtenido el éxito que han obtenido... Bueno... Es posible imaginar qué podría haberse desencadenado con Mina...

L.C. – ¿Y el riesgo de encontrarse - en una aventura a medias – dentro de los típicos circuitos para italo-americanos, que son de respecto, claro, pero que pueden limitar un poco? o sea,  a fin de cuentas, ¿una vez más frente a un publico italiano, aunque sea en el extranjero?
G.V. – Creo que su empresario Elio Gigante nunca la habría mandado a otros  lugares que no fueran los destinados para un exito realmente intermacional... como el Carnegie Hall o Las Vegas. Seguramente, Mina hubiera tenido, también en America, la posición que le correspondía, es decir, en los grandes circuitos “internacionales” americanos.... Y además, Mina y La Bussola, en elegancia, estabán más y más y más allá que Las Vegas...

L.C. – ¡Grande Bussola!... De hecho, Mina también, como todos, llegó a La Bussola cuando llevaba casi 2 años cantandocuando ya estaba consagrada...
G.V. – Bernardini era el “novio” de su Bussola... Después de venderla nunca más volvió... Creo que amara a Mina de la misma manera.

L.C. – En su curriculum usted menciona, parece con un certo orgullo, el hecho de que el editor Campi lo contrató deciéndole: “me dijeron que eres bastante hijo de p... para trabajar conmigo”. Mina, por su parte, dice que usted es la “quintaesencia de la honradez”. ¿Una gran capacidad de conciliar las cosas, o...?... ¿Quién tiene razon?
G.V. – Campi, afortunadamente, no había profundizado mucho su investigación. Mi ser “hijo de p...” se refería al hecho de que nunca soltaba la presa, que me quedaba detrás del artista hasta que no lograba acercarme a él, sí... pero siempre dentro de mis términos.

L.C. – ¿O sea...?
G.V. – Absoluto respeto hacia la persona, hacia su trabajo. Siempre creí que cada vez que empezamos un proyecto de trabajo, todos partimos hacia una buena empresa, hacia una buena resolución... a la que dedicamos tiempos más o menos largos de trabajo más o menos fatigoso, a veces extenuante. Cierto, el del cantante a veces está muy bien recompensado. Pero cuando se penaliza, es una masacre. Por eso siempre he intentado respetar a los cantantes, músicos, artistas, y su trabajo. Yo he estado detrás de su trabajo. He estado en sala de grabación con Celentano, con Mina, durante noches que llegaban hasta la mañana, yo sé cuánta fatiga hay detrás de aquel trabajo. Yo sé qué significa rodar una película y rodar una escena y rodarla de nuevo y de nuevo por miles razones, aúnque sean sólamente técnicas... ¿Cómo puedes decir, escribir cosas terribles después?... Tú tienes que respetar a esta gente!.... Campi no había comprendido que yo era “hijo de p...” en sentido positivo, en el sentido, es decir, de que no paraba hasta que no lograba ganar el amistad y la confianza de las personas. ¡La falsedad, la ambigüedad, nunca! Aunque pensando que un artista “pertenece a todos”y, por eso, además de su exhibición, tiene que llegar al público también con otros medios, entre los cuales, los periódicos y los periodistas. Y desde aquí, se podría empezar de nuevo.

L.C. - ¿Solamente ética, educación y deontología?
G.V. – No. Sobre todo es un grande amor por aquel tipo de trabajo, su trabajo, porque lo conozco bien.

L.C. – ¿Usted pone en práctica con todos la misma regla?
G.V. – La pongo con todos hasta prueba contraria. Porque si después alguien me engaña, o “nos” engaña... bueno... es natural que...

L.C. – Gigi Vesigna, desde “grande visir” de las listas de éxito, las hit-parade, hasta ser el inventor del “Telegatto”, nuestro Oscar televisívo que premia y pone en orden los méritos en TV. Usted y sus compañeros de aventura, en los tiempos de aquel baño en el Rock, de gritos y de movimientos que hacían sobrecoger a nuestras tías frente el televisor de las salitasburguesas ¿teníais la sensación de que estabais trasgrediendo?
G.V. – Diría que estábamos divertiéndonos como locos, que estabámos pasandolo bomba...

L.C. - ¿Y ya está?
G.V. _- ¡No! ¡Hay mucho más!... Nos sentíamos totalmente libres de elegir nuestra diversión. Era algo muy muy importante, algo absolutamente nuevo, que las generaciones precedentes nunca habrían podido ní imaginarlo. Y ahora, ocurría. Elegíamos nosotros mismos nuestras diversiones. Y era algo que hacíamos casi inventándolo día a día. Y nos dábamos cuenta de que era una fortuna grandísima, una gran oportunidad.

L.C. – ¿Conciencia de algo más? ...¿Sensación de que estabais cumpliendo una revolución musical, cultural?...
G.V. – Era un clima especial, el de aquellos años, un clima de gran renacimiento, de reactivación, y de renacimiento mundial. Y a nosotros nos tocó la suerte de crecer dentro de ella, de tener a disposición, paraexpresarnos, una época así. Y es más, pobrecitos, con nuestras diversiones participábamos también en algo más. El mismo “Seis días de la canción” – que nos regaló a Mina y que tomaba el nombre de aquel grande acontencimiento deportivo milanés que era “Seis días de ciclismo” en aquel templo del ciclismo que era el velódromo Vigorelli - servía para recoger fondos para financiar iniciativas de soliariedad social. Nada en comparación con las barricadas en Hungría, en 1956, pero... Sí, la belleza de aquel momento era el fermento. Una noche en que en el Palazzo del Ghiaccio, en Milán, había un Festival del Rock, fue el colmo, la apoteosis. Me acuerdo de que, por causa del enorme trasiego, dejé a mi mujer con su hermano para que la acompañara a casa, “a salvo”. Nos estábamos creando un mundo de tiempo libre a medida. Sì, tal vez teníamos también el sentido de la libertad de elección... en su sentido más verdadero, que es el de llegar a la condición de poder efectuar también las decisiones más difíciles, más arduas. Como podía ser, para un joven cantante, la de intentar afirmar un nuevo género musical. Creo que, más que remodelar el mundo, queríamos crearnos un “segmento” de diversión. Y escuchábamos a Bill Haley, pero también a Lelio Luttazzi, sus composiciones “soft” e irónicas... o también surreales... como su “Una zebra a pois”, no olvidemos. Y, despuès, la felicidad de participar, el valor de ser inconscientes típico de la juventud, meterse en la boca del lobo por amor hacía algo... concretamente, en nuestro caso, la música, ¡Pues, sí!

L.C. – ¿Y el Cine, su primer amor?
G.V. – El Cine siempre fue mi primer amor. ¡Le dediqué tantas energías en mi juventud!... Piense que, en cuanto podía, de jovencito, inmediatamente después de la guerra, a los diecisiete años o poco más, en cuanto juntabas dos liras, cogía el tren para París, por la tarde, la clase más económica, viajaba acurrucado durante toda la noche para llegar por la mañana y meterme veloz en los cines que abrían ya a las diez. Y después en otros, y de cine en cine al menos disfrutaba de cinco películas hasta que, por la noche, volvía a coger el tren y regresaba a Milán. ¡Lo que pude veder! El Cine francés de aquellos años era maravilloso. 

L.C. – Usted, director historico de “Sorrisi e Canzoni TV”, las portadas, y Mina...
G.V. – Un hecho. Una realidad innegable. Hago presente que la revista siempre vendió muchísimo porque se habia hecho una especie de “objeto” que la aldea global había adoptado. En su género se había convertido en un bien de consumo, como el jabón. De todas formas la subida de ventas se verificaba cuando en la portada salía Mina. También Raffaella Carrà “tiraba” bien. Pero con Mina era más difícil... porque no quería que le sacáramos fotos. Por eso salíamos con fotos casi de repertorio, portadas de discos, imágenes sacadas de los programas televisivos. Y aún así, el alza de ventas era matemática, puntual.

L.C. – Mina editorialista... usted sabe algo...
G.V. – Durante tres años atormenté al Señor Mazzini para que convenciera a Mina a escribir. Tampoco ella quería oír hablar de esto. Pero yo seguí insistiendo con su padre para que la convenciera. Estaba seguro de que sería un grandísmo golpe. Bastaría con que se relajara, se abriera entre las líneas como cuando nos divertíamos juntos, como cuando, muchos años antes, me había hablado de una manera sorprendente del libro que acababa de leer, y que era “La montaña encantada” de Thomas Mann. Entonces, recuerdo, de repente pensé que de seguro escribiría como leía: con agudeza, profundidad, matices... 

L.C. – Y después, logró llevarla al papel...
G.V. – Sì. por fin me dijo que sì. Para una revista nueva, “Noi”. Después, cuando después de un año yo dejé la dirección de “Noi” porque no podía dirigir dos recitas a la vez, ella me siguió a “TV Sorrisi e Canzoni”, Escribía una especie de diccionario, a veces sentimental. Yo la suplicaba que se abriera, que se relajara. Todavía era la época en la que quería escribir muy poco de lo que pensaba, en la que intentaba de decir sin decir. No quería hacer opinión. Todavía se mantenía más bien criptada. Cuando nos llamábamos le decía “Venga tranquila, escribe libre, afronta la vida...”. Con todo lo que me había dicho de “La montaña encantada”, estabo seguro de que si hubiera escrito con total libertad, habría hecho maravillas. Ahora, por fin, se ha abierto, se empeña a fondo... Pero, convencerla entonces a escribir, esun logro mío. De una manera u otra, yo abrí la pista.

L.C. – ¿Mina fuera de las citas de trabajo?
G.V. – Sì. Un ejemplo: la carpa de Bussoladomani, uno de los conciertos del verano 1978. Noche triunfal; Mina asediada de afecto. Yo, naturalmente, estaba en el patio de butacas, con mi esposa, y me guardaba bien de añadirme al asalto del “post-concierto”. Hasta que llegó Bernardini (el dueño de la Bussola ndr.) llamándome y diciéndome “Mina ha preguntado por tí, quiere verte. Quiere saber por qué no vas al camerino”. El hecho de que Mina hubiera preguntado por mí, en aquel momento, agotada, con todo el mundo que se le echaba encima, me emocionó, sentí una sensación muy fuerte. Esto me hizo pensar que ella conmigo tenía una consideración particular.Si lo pienso, Mina siempre ha sido así. Entonces, ¿cómo se puede arremeter contra ella en ciertos momentos?¿Cómo ser puede montar la guardia fuera de la clinica Mangiagalli, persiguiéndola y molestándola porque estaba naciendo su hijo?... sì, bueno, es trabajo... pero hubiera sido traicionarla, traicionar el sentido de una relación de amistad, su sentido de amistad. 

L.C. – Mina hoy.
G.V. – Gracias a Dios, todos podemos ver lo que es hoy la “Gran Mina”, porque, claro, no me parece que se escatime... como en cambio hizo durante un largo período, desapariciendo al máximo. Además de producir discos, se mostró con el vídeo “In Studio”, se ha ocupado personalmente de las nuevas ediciones de los estupendos “Caroselli Barilla”, escribe para dos periódicos... Los contactos con ella ya no nos faltan, como en cambio nos ocurría hace algunos años. Me parece muy activa. Y sigue sorprendiéndonos con “sus talentos”. Mire, támbien como periodista... Mina es valiente, podría enseñar a muchos... es sensible, tiene sentido común, una vision muy amplia y abierta de las cosas...

L.C. – Falsas esclusivas, falsos anuncios de un supuesto gran regreso, de reapariciones sorpresa. Usted ¿cree que de verdad, antes o después, Mina volverà a cantar en público?
G.V. – Personalmente, diría que no... Aunque Mina me ha acostumbrado a la sorpresa. Digo que no porque tomó una decision que ha sabido mantener. Es evidente que esta decisión la completa, la llena, justifica con creces el hecho de que no regrese... Es más, ¡no lo justifica para nada!... simplemente no le hace simplemente sentir la necesidad de regresar, de lo bonito que sería regresar. Y si usted lo permite, de esto yo soy muy feliz por ella. Después, de vez en cuando, ella juega, se divierte poniendonos la miel en los labios como con el DVD “Mina in studio”. Y, ¡mira!, yo la echo de menos, fijate si no echo de menos una velada con Mina!

L.C. – El DVD “Mina in studio”. ¿Quepudo llevarla a ello?
G.V. – (ríe)...Es muy fácil: que una mañana se despertara y le pasara por la cabeza la idea de hacer el DVD... Risas a parte, creo que Mina no se plantea, no planifica nada. Esto no significa que no se le pasen por la cabeza ideas... es demasiado receptiva pora que esto no ocurra. Intuye, seguro, toda posibilidad de cada novedad. ¿Pero usted ha oído hablar de su pereza, no? Yo creo que Mina no planifica nada sino que deja que alguien lo haga por ella, alguien en quien confía muchísimo, que sabe que ella lo aprovaría... Y ella cree en esa planificación, elige los proyectos y, si le va, elige al vuelo lo que le es más afín. Mina es puro instinto. Energía pura. Una gran energía.

L.C. – Todos los además “compañeros de viaje” que he entervistado han dicho que más o menos patentemente han estado “enamorados” de Mina. ¿A usted también le ocurrió lo mismo?
G.V. – Claro ¡no era posible “no enamorarse” de Mina! De una manera u otra, nadie se ha salvado! Había una infinidad de razones por las cuales “amarla”.L.C. – ¿Usted tiene un motivo personal, además de la fascinación que ella ejercía colectivamente?G.V. – Habré tenido uno, importante, muchos años después de conocerla, o sea, hace pocos años, cuando viví un momento de extremada dificultad. Ella fue de una atención, de un cuidado, y de una delicadeza por los cuales se puede ir mucho más allá del enamoramiento.

L.C. – ¿Quiere decir que usted, a Mina, la quiere mucho?
G.V. – Sì.

                                                                                                                               ©

Lele Cerri



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